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jueves, 26 de mayo de 2016

Cuando llega ese momento

TÍTULO: Cuando llega ese momento

AUTORA: Shelly King

EDITORIAL: Debols!llo

FORMATO: Rústica

NÚMERO DE PÁGINAS: 277

FECHA DE PUBLICACIÓN: junio 2015

SINOPSIS:

Han pasado seis meses desde que Maggie Duprés perdió su trabajo en una empresa de informática en el corazón de Silicon Valley. Ahora siente que todos los éxitos profesionales -junto a las promesas, las esperanzas, su esfuerzo y ambición- que una vez logró se desvanecen.

Sin empleo y profundamente desorientada, Maggie pasa los días leyendo novelas en el Dragonfly, una librería de segunda mano, mientras decide que hacer con su vida. La ocasión se presenta bajo la forma de un viejo ejemplar de "El amante de Lady Chatterley", repleto de notas escritas en los márgenes por dos misteriosos amantes: Henry y Catherine. Intrigada por su historia, Maggie trata de encontrar a esos dos enamorados que nunca llegaron a verse. Pero no todos comparten su entusiasmo. Su novio, Bryan, la presiona para que se busque un trabajo de verdad y sus amigos piensan que ha perdido el juicio.

Entre pilas de libros y clubes de lectura, Maggie aprenderá a trazar su propio camino para hallar la felicidad.

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Hay veces que la elección que realizas de una novela en la librería es algo impulsivo y espontáneo. Eso es, digamos, lo que me pasó con "Cuando llega ese momento". La sinopsis de la contraportada hizo sentirme muy identificada con la protagonista: treinteañera, amante de los libros y con una situación personal nada fácil debido a la pérdida de su trabajo y la crisis existencias que conlleva la misma.

No esperaba, ni mucho menos, encontrar entre las páginas de una novela de ficción la solución a todos mis problemas actuales, pero siempre ayuda, aunque sea de manera superflua, algo de romanticismo y comedia... Sería como una especie de terapia light.

Aunque las expectativas tampoco eran muy altas, la novela en sí se me queda un poco corta en conjunto. Es sencilla y sin pretensiones y quizás buscaba algo que me calara más.

Contada en primera persona por su protagonista, Maggie, a la que antes hemos definido como un prototipo de mi misma, la historia comienza con la crisis que la perdida de su trabajo, hace ya medio año, la envuelve en una rutina poco fructífera en lo personal.


Hacía seis meses que ArGoNet Software había facturado mi puesto de trabajo a la India. Renuncié a las pedicuras, a comer fuera de casa y, finalmente, a la televisión por cable. Hugo me decía que estaba a la espera de que el universo me propusiera aventuras que jamás habría imaginado. Mi madre me decía que perdía el tiempo.

 El tiempo es uno de los factores más fastidiosos cuando te encuentras desempleada y Maggie, soñadora y apasionada de los libros, sobre todo de las novelas románticas, se "esconde" en la Dragonfly, una librería de segunda mano propiedad de su amigo y casero Hugo. Allí deja de ser la persona que todos creen que debe ser para dejarse llevar por el placer de la lectura.

Los peculiares habitantes de este lugar conforman el universo donde nuestra protagonista quiere buscar refugio. Un lugar donde escapar de la realidad, aunque algunos como Jason,  empleado en la librería, se empeñen en amargarle la existencia desde un cariño muy especial.

Esos años en Silicon Valley no se habían materializado en gran cosa: ni en una buena trayectoria profesional, ni en dinero; tan solo en una relación rota y en una librería destartalada a la que estaba dedicando demasiado tiempo.

Dizzy, su mejor amigo de la infancia y ex-compañero de curro, intentará sacarla de ese bucle peligroso en el que se encuentra metida y la arrastrará donde haga falta para que vuelva a conseguir ese trabajo perdido. Será en uno de esos intentos para conseguir contactar con gente influyente para ella,  donde nuestra querida Maggie comenzará un misterioso camino hacía la resolución de su crisis existencial.

Un camino que comienza con un club de lectura de "El amante de Lady Chatterley" y acaba con una novela de la Dragonfly donde descubre las misteriosas notas que dos amantes se dejaron hace ya algunas décadas. Unas notas de dos desconocidos que despertarán la curiosidad y la pasión en Maggie por descubrir quiénes se encuentran detrás de esos mensajes de amor, removiendo su mundo desde sus más recónditos cimientos.

Esa curiosidad de Maggie viene, ente otras cosas, por su pasión por las novelas de corte romántico. Cuyos estereotipos ella conoce muy bien y, a pesar de ello, no dejan de ser fascinantes y totalmente válidas como método para vivir el amor de otra manera, como muy bien lo explica ella misma.


Había algo muy reconfortante en el hecho de conocer toda la historia con solo echar un vistazo a la cubierta. En primer lugar, algún intríngulis político que impedía que el héroe y la heroína estuvieran juntos. A continuación, un conflicto de lealtades, corazones endurecidos y tal vez un compromiso forzado con algún pretendiente económicamente ventajosos pero física y moralmente repulsivo. Varios encuentros truncados, hasta que por fin se hallaban atrapados en una cueva, un establo o la casita de un pastor durante una violenta tempestad y ya tenemos el consabido bulto en la entrepierna, los pezones sonrosados y el vaivén primario tan antiguo como el propio amor. No era Shakespeare, pero seguro que superaba a LinkedIn como la mejor forma de matar el tiempo.

Henry y Catherine son los dos desconocidos cuyos mensajes influyen de manera decisiva en la vida de Maggie, obsesionándose con su historia y tratando de descubrir qué fue de ellos.


Deseaba acceder al interior de las notas de Henry y ver cómo estaban compuestas, tratar de entender la mezcla de pasión y deseo que impulsaba a Catherine a responder. Ambos disponían tan solo de las frágiles marcas que  formaban las palabras en la página.


La Dragonfly será el lugar en el que nuestra protagonista pasará la mayor parte de su tiempo, con Hugo y Jason y la compañía de un gato con muy malas pulgas al que no le gusta nada que esa jovencita ande tocando y revolucionando su pequeño mundo de libros. Asimismo, una clientela muy especial y variopinta, la ayudarán a obtener pistas y a disfrutar del placer que los libros ofrecen, no solo a ella, sino a todo aquel que se acerca a obtenerlos.

Esta pequeña librería empieza a convertirse en un lugar mágico cuyos vínculos con Maggie crecen cada día que pasa entre sus polvorientas estanterías llenas de libros.

-Lo que ocurre con los libros de segunda mano -explicó Hugo- es que llegan cargados de un pasado. No salieron de una imprenta y fueron metidos luego en cajas para ser enviados a una tienda. La gente que ya no los quiere los abandona aquí. Son los huérfanos de una novela de Dickens. Son despreciados a medida que las personas siguen adelante con sus vidas (...) Debemos liberarlos de sus antiguas vidas para que vayan al encuentro de las personas que sí los quieren.

 Ese romántico objetivo hace especial tanto a la Dragonfly como a su propietario. Maggie sabe que tendrá que arriesgar cosas para continuar por ese camino que acaba de descubrir. Tendrá que tomar decisiones difíciles, arriesgadas y sin saber si le llevarán por la mejor dirección hacia la felicidad.
Quizás, solo buscando muy en el interior de nuestro corazón, lograremos obtener la respuesta a todas nuestras preguntas.

En ArGoNet yo ahorraba millones de dólares a mis clientes. Pero jamás había hecho llorar de felicidad a ninguno por ese motivo.

Algo que sí le ocurrirá entre las paredes de esa mágica librería.

Una historia sencilla, con toques de humor, toques de drama y algo de romanticismo. Pero no solo amor entre personas, sino amor por los libros y amor por esos lugares con tanto encanto.

Las librerías son criaturas románticas. Te seducen con su mercancía y te rompen el corazón con sus problemas.

El encanto que Shelly King nos muestra con "Cuando llegue ese momento" te hará ver esos espacios de segunda mano con otros ojos, mucho más románticos y soñadores que antes.



AUTORA


Shelly King trabaja en Silicon Valley para una gran compañía de software como responsable de redes sociales. Ha publicado varios relatos, pero Cuando llega ese momento es su debut literario propiamente dicho, que ha sido ya traducido a ocho idiomas y ha recibido excelentes críticas.





PUNTUACIÓN: 2,5/5

miércoles, 4 de mayo de 2016

Fahrenheit 451

TÍTULO: Fahrenheit 451

AUTOR: Ray Bradbury

EDITORIAL: DEBOLS!LLO

NÚMERO DE PÁGINAS: 180

FORMATO: Rústica

FECHA DE PUBLICACIÓN: junio 2012 (1953)

SINOPSIS:

Fahrenheit 451 cuenta la historia de un sombrío y horroroso futuro. Montag, el protagonista, pertenece a una extraña brigada de bomberos cuya misión, paradójicamente, no es la de sofocar incendios, sino la de provocarlos para quemar libros. Porque en el país de Montag está terminantemente prohibido leer. Porque leer obliga a pensar, y en el país de Montag está prohibido pensar. Porque leer impide ser ingenuamente feliz, y en el país de Montag hay que ser feliz a la fuerza...

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Hacía mucho tiempo que quería leer esta novela. Muchas eran las personas que me habían hablado de la historia, tanto de la propia novela como de la película ya que, al igual que la última novela que reseñamos, La mujer del teniente francés, ésta también tiene una versión cinematográfica conocida.

Creo que, hasta cierto punto, podemos estar hablando de un clásico de la literatura cuando tratamos Fahrenheit 451 (significa la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde). Se trata de un dato científico que le aporta ese punto de verosimilitud a una creación  del mundo y la sociedad totalmente ficticia.

Podemos hablar, por tanto, de una distopía en toda regla, es decir,  lo contrario a una utopía, donde el futuro se nos muestra de una forma apocalíptica y como consecuencia de esa apocalipsis, la sociedad debe regirse por unas normas de vida especiales y totalmente ajenas a las que actualmente conocemos. Un ejemplo de novela distópica lo tenemos en la famosa Un mundo feliz de Aldous Huxley.

Nuestro protagonista, Montag, es bombero, pero su cometido nada tiene que ver con el que conocemos que posee un profesional de esta índole. En vez de apagar incendios, Montag tiene que utilizar el fuego para destruir lo que es este país se trata como una amenaza en ciernes, y ese objeto no es otro que el libro.


El libro, los libros, la lectura, leer, es algo impensable en esta sociedad creada por Bradbury. Si nos ponemos a imaginar una sociedad sin libros, nos hacemos una idea de las carencias que para el individuo implican: falta de conocimiento que daría paso a una merma del librepensamiento. Adoleceríamos de imaginación y careceríamos de lo que nos hace únicos a los demás.

Si juntamos todas estas características, solo nos quedará un rebaño bien domesticado por aquellos cuyos intereses van hacía el control del ser humano gracias a la destrucción mediante el fuego de aquello que nos hace libres, los libros.

Será Montag, cuya vinculación con este supuesto enemigo es constante y que, a pesar de su trabajo, siente una atracción extraña y casi obsesiva por ellos. Su pequeño y controlado mundo se verá removido por culpa de una niña. 

La joven Clarisse McClellan mira ese mismo mundo que ve Montag desde otro punto de vista y le hace conocer, con sus cortas pero enigmáticas conversaciones, otra forma de ver la realidad que le rodea.


-¿Sabes?, no me causas ningún temor.
Él se sorprendió.
-¿Por qué habría de causártelo?
-Hay mucha gente que tiene miedo, miedo a los bomberos, quiero decir. Pero, al fin y al cabo, usted no es más que un hombre...

Así nuestro protagonista logra verse a través de los ojos de ella y descubre pequeños detalles que ya se le habían olvidado  por no pararse un momento a mirar y pensar... Algo totalmente  en desuso y mal visto pero increíble para Montag, cuando vuelve a sentirlo gracias a esa jovencita. Al principio con recelo... -Piensas demasiado- Dijo Montag, incómodo. 
Y después acaba queriendo conocer cada vez más de esas mundo que la niña le empieza a descubrir.

Pero Clarisse acaba siendo un espejismo en la vida de Montag, al igual que su mujer. Todo su mundo se empieza a desmoronar eliminando la costra que envolvía la realidad.


Montag sintió que su sonrisa desaparecía, se fundía, era absorbida por su cuerpo como una corteza de sebo, como el material de una enorme vela que hubiese ardido demasiado tiempo para acabar deshaciéndose y apagándose. Oscuridad. No se sentía feliz. No era feliz.


En este punto comienza el calvario en la vida de nuestro protagonista. Cómo vivir consumido por la monotonía donde la belleza de las cosas acaban siendo ocultadas por la máscara de las risas enlatadas. Donde la felicidad es una farsa creada para no sentirse solo y la verdadera desaparece tras las pantallas gigantes de las casas.

Y lo primero que acaba resintiéndose de ese descubrimiento es su trabajo. Ya le es casi imposible acometer la tarea de destrucción de aquello que posee tanto valor .

Los libros bombardearon sus hombros, sus brazos, su rostro levantado. Un libro aterrizó, casi obedientemente, como una paloma blanca, en sus manos, agitando las alas. A la débil e incierta luz, una página desgajada asomó, y era como un copo de nieve con las palabras delicadamente impresas en ella. En medio de todo aquel tumulto y fervor, Montag solo tuvo un instante para leer una línea, pero esta prendió en su cerebro durante el minuto siguiente como si se la hubieses grabado con un hierro candente. "El tiempo se ha dormido a la luz del atardecer".


¿Qué era aquello que le atraía tanto de esos objetos a priori pertubadores para la vida en sociedad? ¿Tan malo era leer lo que contenían? La curiosidad se adueñó de Montag y los libros, cuyo trabajo, le permitía verlos a diario fueron como una obsesión para él hasta el punto de cometer la misma locura de aquellos a los que él, como bombero, castigaba. Montag comienza a acumularlos, ocultarlos y se adueña de ellos como si de un tesoro se tratase, aunque aún le era difícil asimilar el poder que escondían sus páginas. Sobre todo, cuando en una operación de quema, ve como una persona es capaz de sacrificarse por ellos.


-Tú no estabas allí, tú no la viste -insistió él. Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos ni imaginar para que una mujer sea capaz de permanecer en una casa que arde. Tiene que haber algo. Uno no se sacrifica por nada.


El sinsentido de una humanidad creada de manera automática, cargada de estímulos que generan un falso bienestar en todo lo que le rodea. La televisión, música, anuncios... Todo ello evapora hasta el último resquicio de juicio o valoración.


La mente del hombre gira tan aprisa a impulsos de los editores, explotadores, locutores que la fuerza centrífuga elimina todo pensamiento innecesario, origen de una pérdida de valioso tiempo.


Una asimilación de algo tan absurdo como abominable y que está establecido en la ley de esta sociedad distópica y es considerado como algo bueno. La estabilidad que da la falta de pensamiento crítico, es más deseada que aquella que puede suponer una salida de lo establecido.


No nacemos libres e iguales, como afirma la constitución, sino que nos convertimos en iguales. Todo hombre debe ser la imagen de otro. Entonces todos son felices porque no puede establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables.

Y el libro es el arma que genera esa desigualdad.
Página tras página, Montag va descubriendo la visión de un mundo programado y lo pobres de espíritu que son todos aquellos incapaces de ver más allá de sus vidas anodinas. 

Beatty, el jefe de bomberos tiene una mente mucho más despiertas que el resto y sabe que nuestro protagonista está sufriendo una crisis existencial.


Nos enfrentamos a la pequeña marea de quienes desean que todos se sientan desdichados con teorías y pensamientos contradictorios. Son nuestros dedos lo que sostienen con fuerza el dique. Hay que aguantar firme. No permitir que el torrente de melancolía y la funesta filosofía ahoguen nuestro mundo. Dependemos de ti. No creo que te des cuenta de lo importante que eres para nuestro mundo feliz, tal como está ahora organizado.


Su conversación es fundamental para que Montag tome una decisión que cambiará su vida para siempre.  Gracias a la ayuda de un anciano profesor, cuya sabiduría le hace conocer mejor esos objetos, comenzará una lucha por la existencia más allá de los corsés de la ignorancia y aprendiendo a aprender y a conocer el mundo con ojos críticos.

Durante todo este periodo una guerra inminente acecha a esta tranquila sociedad. Una guerra que sin saber el lector nada de ella, no tardará en estallar sumiéndolo todo en la Oscuridad.

¿Qué pasará entonces con los pocos y malogrados libros? ¿Qué descubrirá Montag en su huida hacia esa realidad? ¿Conseguirá zafarse de los brazos de la manipulada sociedad donde habita?

Bradbury logra mantenernos en tensión todo el libro que, a pesar de su corta extensión, es suficiente para que nos embargue una atmósfera asfixiante de ese mundo carente de la virtud de la libertad cuya herramienta fundamental son los libros y si, esto nos hace verlos con un poco más de cariño y respeto, debería ser lectura obligada para todos.

Nunca es tarde para abrir un libro y cultivar aquello que nos hace único y especiales, el pensamiento.


AUTOR

RAY BRADBURY (1920-2012) fue uno de los grandes maestros estadounidenses de la ficción científica y fantástica. Si bien fue célebre por sus novelas (Crónicas marcianas, Fahrenheit 451), también cultivó el relato (Las doradas manzanas del sol), el ensayo, la poesía y el guión.



PUNTUACIÓN: 5/5





sábado, 16 de abril de 2016

La mujer del teniente francés

TÍTULO: La mujer del teniente francés

AUTOR: John Fowles

EDITORIAL: Anagrama
COLECCIÓN: Otra vuelta de tuerca

NÚMERO DE PÁGINAS: 446

FORMATO: Rústica

FECHA DE PUBLICACIÓN: enero 1995

SINOPSIS: 

Bahía de Lyme, 1867. El joven Charles Smithson ha ido a visitar a su prometida. Llevado por su afición a la paleontología, hace largas excursiones por los bosques en busca de fósiles. En una de ellas conoce a Sarah Woodruff,  a la que los lugareños llaman Tragedia, por su inamovible expresión melancólica, o "la mujer del teniente francés", por el romance que vivió con un marino de esa nacionalidad que llegó a estas costas herido en un naufragio y una vez recuperado la abandonó.
Entre ambos personajes nace un amor apasionado que chocará violentamente con la rígida moral de la Inglaterra victoriana en la que se mueven sus destinos. Charles, y a su vez el lector, no podrá evitar sentirse intensamente fascinado por la enigmática Sarah, uno de los más turbadores personajes femeninos de la literatura de los últimos tiempos. Manipulando ingeniosamente las convenciones del narrador omnisciente decimonónico y los clichés de la novela victoriana, John Fowles construye un brillantísimo libro que,  por un lado, relata una apasionante historia de amor y recrea con inusitada minuciosidad la época victoriana y, por otro, propone una aguda reflexión sobre el papel del narrador y el sentido último de la literatura. 
La novela fue objeto de una aplaudida versión cinematográfica, dirigida por Karel Reisz y protagonizada por Meryl Streep y Jeremy Irons.

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Con una portada como ésta, en la que podemos ver a una joven Meryl Streep, se incita aún más si cabe, a adentrarse en esta historia de amor con tintes victorianos. Pero ojo, no estamos ante una novela, ni al estilo de nuestra querida Jane Austen, ni al propio estilo del género en sí. El autor, John Fowles, aparece en la misma como narrador y creador de la historia a ojos del lector. En muchos momentos de la aventura que viven nuestros personajes, el autor nos distancia súbitamente para hacernos partícipe de la propia creación que él mismo está llevando acabo en ese momento.  Pero es mejor ver un ejemplo para entenderlo mejor:


Así pues, tal vez esté escribiendo mi autobiografía trasladada a otra época; quizá viva actualmente en alguna de las casas que he incorporado a mi narración; incluso es posible que yo sea Charles disfrazado. Tal vez se trate, simplemente, de un juego. Hoy en día hay mujeres como Sarah, pero nunca he logrado entenderlas.


Esta separación abrupta del mundo en el que nos adentra, produce un cierto desequilibrio pero sin ahuyentarnos del todo. Es como si, de una manera cómoda, el autor nos hablara de tú y aunque rompe el ritmo de las circunstancias de nuestros protagonistas, nos hace, por otro lado, participes de su creación. Es algo extraño pero invita al lector a la reflexión. No es, por tanto, una novela romántica de la época victoriana al uso, sino más bien, una forma de conocer la vida y costumbres de un año concreto, 1867, en el que se mezclan el tradicionalismo y la religión con nuevas formas de pensar y ver el mundo que les rodea.


PERSONAJES

Fowles nos invita a conocer las distintas clases sociales del momento mediante los personajes de su historia, como es el caso de sus protagonistas: Charles y Sarah. Los dos viven una historia de amor nada aceptada en aquella época debido a la diferencia de clases , siendo, de algún modo, dos vertientes antagónicas.

Desde la nobleza más aristocrática de Charles, que incluso ostenta un título nobiliario (baronet) que, otorgado en herencia, le abre un mundo de posibilidades infinitas, tanto económicas como sociales. Hasta la clase menos favorecida, pero preparada, como Sarah, cuyas aspiraciones en la sociedad no podían ser más elevadas que la de ser una mera institutriz, a pesar de su elevada cultura.


Al adquirir aquel barniz de señorita, se convirtió en la víctima ideal de una sociedad de castas. Su padre la forzó a salir de su propia clase, pero no pudo levantarla hacia una superior. Era demasiado fina para casarse con un hombre de la clase que había abandonado, y demasiado insignificante para los hombres de la clase que aspiraba.


Por otro lado, existe un término intermedio entre estas dos clases y que corresponde a la figura de la prometida de Charle, Ernestina. Sus amplios recursos económicos son herencia de satisfactorios negocios del mundo del comercio conseguidos por su padre. Eran los llamados "nuevos ricos" cuyo poder económico era igual o superior al de los aristócratas pero eran considerados de una categoría inferior por no llevar la nobleza desde la cuna.

Los pobres, o más humildes, en recursos siempre vienen representados por los criados. Sam y Mery son el claro ejemplo de la importancia que, para aquella época, tenían estas personas que, sin ser meros sirvientes, podían llegar a influir en la vida de sus amos de una manera trascendental.

Desde puntos más secundarios, pero siempre con un añadido o misión, aparecen personajes como la señora Poulteney que engloba todo lo malo que la religión imponía en la sociedad victoriana. Una persona mezquina cuyo único objetivo era conseguir la gloria del Padre mediante actos devotos, promoviendo el egocentrismo y acusando a todo y todos los que se salían de lo religiosamente establecido como moral y decente.

También, las nuevas ideas sobre la evolución de la especie, la ciencia y otro punto de vista de ver el mundo, lo encontramos en la figura del doctor Grogan. Una mente perspicaz y letrada que dará siempre un punto de vista nuevo a cada interrogante de su nuevo amigo Charles.

Todos ellos juegan su papel en el fantástico escenario de la costa sur de Inglaterra. El pueblo y la bahía de Lyme serán el telón donde todos interactúen, incluso el autor y nosotros mismos, para formar una novela repleta de la historia de una época, la victoriana.


LA HISTORIA

Como ya hemos dicho, la bahía de Lyme y su pueblo nos sirven de escenario para comenzar con el encuentro fortuito de nuestros protagonistas. El noble Charles, de alma aventurera pero con la firme convicción de seguir el camino socialmente correcto del matrimonio y Sarah, o también conocida como Tragedia por los habitantes de un pueblo sumido en las murmuraciones y cotilleos como mayor pasatiempo.

La historia, por todos conocidas, de la joven que vivió un apasionado romance con un marino francés. Él le robó el corazón y se marchó hacia su país, dejándola en compañía de su melancolía. Desde entonces era bastante frecuente encontrarla mirando hacia el mar, en soledad y asumiendo, con una solemnidad agónica, los feroces juicios de sus vecinos que la llegaban a tachar no solo como la mujer del teniente francés, si no también como la furcia y la ramera del marino.

Sarah siempre será un misterio para el lector. Un misterio que ni siquiera el propio autor tiene intención de conocer. En cambio Charles nos aparecerá como un libro abierto desde el principio y sus sentimientos nos acompañarán desde la primera vez que sus ojos se encuentran con los de Sarah.


Una vez más, su rostro causó en él un efecto extraordinario. Era como si cada vez que dejaba de verlo fuera incapaz de creer que pudiera producir aquel efecto y necesitara volver a contemplarlo. Parecía envolverle y rechazarle al mismo tiempo; como si fuera una imagen de un sueño que permaneciera siempre quieta y sin embargo se alejara continuamente de él.


Hemos dicho de Charles que tenía un alma aventurera. La falta de responsabilidades que la nobleza le otorgaba, hicieron de él un hombre de mundo, más interesado en las innovaciones del momento en cuanto a la vida y sus  misterios científicos que en los formalismos y convenciones.
Personajes tan fundamentales en la historia como Darwin y su publicación sobre El origen de las especies, le llenan de una pasión tanto por una nueva forma de ver el mundo actual como el antiguo, de ahí su interés por la paleontología y el estudio de los fósiles. Una curiosidad innata por el ser humano que se ve acrecentada cuando descubre a la enigmática Sarah y su desconsolado pasado.


Por eso había viajado tanto; la sociedad inglesa le parecía excesivamente pudibunda, la solemnidad inglesa, excesivamente solemne, el pensamiento inglés, excesivamente moralizaste, y la religión inglesa, excesivamente hipócrita. Pero, con todo, ¿no había sido demasiado convencional en un asunto tan importante como era la elección de la mujer con la que debería compartir su vida? Y en lugar de obrar de modo más inteligente, ¿no había hecho lo más sencillo?


He aquí donde aparece la figura de Ernestina, una muchacha de clase pudiente, cuya   joven superficialidad unida a una más que buena dote, la hacen perfecta para encarnar el papel de futura esposa de nuestro protagonista. Un compromiso que los une pero que se alarga lo suficiente como para tambalearse con la aparición de la misteriosa dama Tragedia.

Tina acaba siendo un peón en esta historia. Su misión es la de representar todo lo frívolamente correcto de esta sociedad, pero es, a su vez, una víctima del poder del amor que traspasa todas las fronteras, incluso las que establecen lo políticamente correcto.

La tentación que Sarah representa para Charles, tanto amorosa como religiosamente, le hace dudar de su honestidad como caballero e incluso de su propio juicio, pero su curiosidad le arrastrará a una de las más importantes decisiones de su vida.


Le parecía, sin embargo, que no era Sarah, la mujer, quien le atraía -¿Cómo podría atraerle, si estaba comprometido?-, sino cierto sentimiento, cierta posibilidad que ella simbolizaba. Siempre había pensado que su futuro encerraba innumerables posibilidades, y, de pronto, se convertía en un viaje predeterminado a un lugar desconocido.


Pero, ¿qué nos cuenta el autor de la misteriosa Sarah?. Además de saber que es un alma atormentada por su pasado, nuestra protagonista conserva un halo de tristeza y misterio que se hace evidente desde la primera vez que aparece en escena. Charles se convertirá en su única vía de escape, en más de un sentido, ya que es el único capaz de descubrir, conocer y, sobre todo, entender sus sentimientos más profundos.


-Porque ha viajado. Porque es una persona educada. Porque es un caballero. Porque..., no sé, vivo entre gentes que, según todo el mundo, son buenas, piadosas y cristianas. Y, sin embargo, me parecen más crueles que el más cruel de los paganos y más estúpidas que el más estúpido de los animales. No puedo creer que de verdad sea así. Que en la vida no haya comprensión ni compasión. Que no haya almas lo bastante generosas para darse cuente de lo que he sufrido y lo que sufro...


No podemos adentrarnos mucho más en la novela sin desvelar detalles importantes que el lector tendrá que descubrir por sí mismo. ¿Cuál será el desenlace de este amor surgido de la más pura irracionalidad? ¿Cómo afectará a la sociedad si acaba descubriéndose? ¿Qué secretos esconde la enigmática Sarah?

Una cosa está clara, será el autor quien nos maneje de manera obvia y descarada en este laberinto, llevándonos de un lado a otro e incluso presentándonos diversos giros alternativos en la historia porque, como bien nos dice sin pudor "a los personajes hay que concederles libertad". Una libertad donde el triunfo es abandonar las normas y establecer un criterio personal y libre de convencionalismos.

Una novela distinta, con información fascinante sobre el mundo victoriano y la sociedad que vivió en aquella época. Sólo nos queda visitar Lyme, pasear por sus acantilados y observar por si vemos la figura de una joven cuyo misterio va más allá del horizonte  que el mar nos ofrece.



AUTOR

JOHN FOWLES (1926-2005) estudió en la Bedford School y en la Universidad de Oxford. Fue profesor de inglés en Francia, Grecia e Inglaterra, y desde 1963 se dedicó exclusivamente a escribir. Su producción literaria comprende poemarios, ensayos, adaptaciones teatrales, relatos y sobre todo novelas, que le valieron un amplio prestigio internacional, y entre las que destacan muy especialmente El mago y La mujer del teniente francés.



PUNTUACIÓN: 4/5

jueves, 18 de febrero de 2016

La tienda de antigüedades

TÍTULO: La tienda de antigüedades

AUTOR: Charles Dickens

EDITORIAL: Nocturna Ediciones

NÚMERO DE PÁGINAS: 782

FORMATO: Rústica

FECHA DE PUBLICACIÓN: marzo de 2011

SINOPSIS:

La pequeña Nell Trent es huérfana y vive con su abuelo en la tienda de antigüedades que este regenta. Marcados por la pobreza, ambos intentan salir adelante... hasta que el abuelo recurre al malvado prestamista Daniel Quilp, un enano deforme y jorobado.

A partir del momento en que Quilp entra en escena, Nell y su abuelo emprenden un viaje a través de Inglaterra. Recorren pueblecitos, ciudades ennegrecidas por el hollín, lugares llenos de miseria. Y en su peregrinaje, en la más pura tradición cervantina, alternan con una variopinta galería de personajes: feriantes, carboneros que leen el fuego, maestros domadores de perros, dueñas de museos ambulantes, dandis con un sentimiento trágico de la vida y ponis obstinados.

Publicada por entregas entre 1840 y 1841, "La tienda de antigüedades" es una de las obras de Dickens más desconocidas en España y, pese a ello, de las que más fama dieron al autor. Tras la publicación del último capítulo, los lectores estadounidenses irrumpieron en los muelles de Nueva York para pedir noticias acerca del final a los marineros que volvían de Inglaterra. Recientemente, periódicos estadounidenses compararon la excitación popular ante la publicación del último tomo de "Harry Potter" con la de "La tienda de antigüedades".

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Siempre es un placer leer a Dickens. Sus obras son un ejemplo de buena literatura clásica y todos deberían, en algún momento, leer alguna de sus obras. Luego puede suceder que te enamores al leerla y no puedas abandonar ninguno de sus títulos.

En mi caso, todo comenzó con un clásico para niños de David Copperfield y, aunque todavía me quedan grandes obras de este autor por leer, creo que acabo de encontrarme con una tan olvidada como maravillosa y que gracias a Nocturna Ediciones, he podido disfrutar de lo lindo con ella,  La tienda de antigüedades.

La obra tiene un comienzo curioso ya que el propio Dickens se hace protagonista de su novela y nos muestra, en primera persona, a los que serán sus personajes fundamentales. Un curioso comienzo que le da, si cabe, mayor realismo a la trama de la novela y la enmarca dentro de ese Londres frío y desapacible donde los seres humanos convergen por calles  angostas y húmedas para llegar a un destino incierto y misterioso.

Nuestro autor, como un peregrino más por estos laberintos, sale a contemplar la nocturnidad londinenses para acabar en una tienda de antigüedades donde dos figuras antagónicas, un viejo en los albores de la senectud y una niña en el esplendor de la belleza lozana, viven o malviven con gran esfuerzo pero sin perder un ápice del amor que se procesan y que encoge el corazón de cualquiera que los conoce.


Pero ya entrando en sueños, toda la noche me asaltaron los mismos pensamientos, y las mismas imágenes tomaron posesión de mi cerebro. Una y otra vez tenía delante de mí las estancias oscuras y tenebrosas; las adustas armaduras con su fantasmal y mudo aspecto; las caras retorcidas, que reían desde la madera o la piedra; el polvo, el orín y el gusano que vive en la madera, y... sola, en medio de tantos muebles viejos, de tanta fea vetustez, la hermosa joven durmiendo apaciblemente, sonriendo en medio de sueños ligeros y radiantes.

Esa hermosa joven se llama Nell y, junto a su abuelo, comenzarán un peregrinaje movidos, por una parte, por las malas artes del malvado usurero Daniel Quilp que los dejará en la mayor de las ruinas y, por otra, por una enorme ilusión por encontrar un mundo mejor, alejados de los sinsabores de la gran ciudad y en busca de esa tranquilidad y sosiego que necesitan porque nuestra Nell desea, más que nada en este mundo, conseguir que su abuelo sea feliz y todo su empeño, en su corta e inexperta vida, se centra en ese amor incondicional que la llevará hasta los límites más insospechados.

Pues lo que había hecho que Nell rompiera a llorar no eran los días monótonos privados de compañía alegre o agradable; no eran las oscuras y sombrías tardes ni las largas y solitarias noches; no era la ausencia de los sencillos placeres que hacen palpitar un corazón joven ni no conocer de la infancia más que la debilidad y la viva sensibilidad. Ver al anciano agobiado por algún pesar oculto, observar su estado de agitación constante, abrigar a veces el horrible temor de que pudiera perder el juicio (y detectar en sus palabras o miradas el inicio de una triste locura); vigilar, esperar y escuchar la confirmación de estas cosas día tras día, y sentir y conocer que, ocurriera lo que ocurriera, los dos estaban solos en el mundo sin nadie que les ayudara, aconsejara o cuidara...


Entre las calles de esa lúgubre ciudad, dejarán al joven Kit, un pobre chaval, cuya honradez y bondad le harán no perder la esperanza en encontrar, algún día, a sus amos que con tanto cariño cuidó. Las vicisitudes de este joven serán una trama paralela que el lector descubrirá entre las páginas del libro y que no estarán exentas de momentos, tanto de gran alegría como del mayor de los pesares.

En este primer vislumbre de la trama y como algo natural en las novelas de Dickens, el alma humana muestra todos sus caracteres. Desde la bondad más absoluta encarnada por la hermosa Nell, hasta la villanía más traicionera y maligna, que encontramos en la figura de Quilp. Entre esos dos personajes, encontramos un gran abanico de almas: desde la del inocente borracho, hasta la de los avariciosos abogados; desde almas de gran corazón, como el maestro de escuela, hasta la astucia de los truhanes titiriteros. Todos ellos se cruzan en el camino de nuestros queridos protagonistas para ejercer su influencia y encaminarlos hacia el mal o el buen camino en su largo periplo.

Esas personas con las que Nell y su abuelo se encontrarán, servirán de pequeñas migajas que, como en el cuento de Hansel y Gretel, guiarán los pasos de un misterioso hombre que no ha parado de buscar a nuestros peregrinos desde que llegó a Londres.

La belleza de la joven será un instrumento de supervivencia para los dos, trabajando como vendedora de guirnaldas, mendigando un poco de pan e incluso presentando un museo ambulante en el que vivirán una temporada gracias a la señora Jarley.

La belleza de la niña, unida a su gentil y delicado porte, produjo una gran sensación en aquella ciudad de provincias (...) Los adultos empezaron a interesarse por aquella joven de ojos brillantes, y algunos mozos se enamoraron perdidamente y, cuando salía del museo de cera, le lanzaban a los pies envoltorios llenos de nueces y manzanas con una nota redactada en perfecta caligrafía.

El sorprendente magnetismo que desprende Nell, la hacen más valiosa ante nuestros ojos lectores y le otorga un halo de luz sincera que conmoverá a todas y cada una de las personas que se crucen en su camino. Es por ello que nos duele y atormenta cuando ella misma es consiente de las debilidades del ser humano, reflejadas en el ser más querido y amado. Su abuelo, sin desvelar más que un poco de su débil carácter, se encuentra corrompido por un tipo de enfermad que lo hace más peligroso y vulnerable si cabe y será un duro reto añadido, al que nuestra joven heroína tendrá que enfrentarse.

¿Cuándo acabará su viaje? ¿Hasta donde llegarán? Esas son preguntas que el lector tendrá que encontrar entre las páginas del libro. Pero Dickens nos muestra, además, una historia paralela a este peregrinaje. El joven Kit, antes nombrado, y ese misterioso señor que busca a nuestros protagonistas se encontrarán en Londres y vivirán también dificultades provocadas por otros señores de dudosa moral que, mirando sus propios y mezquinos intereses, pondrán todas las trabas posibles para conseguir sus propósitos haciendo daño, de manera cruel e intencionada, a los demás. Aunque los nobles fines que mueven a Kit y el desconocido serán lo suficientemente fuertes como para enfrentarse a todas las dificultades.

El hecho es, caballeros, que me encuentro en una situación muy dolorosa y completamente inesperada. Vine a esta ciudad con la alegre esperanza de no encontrar ningún obstáculo ni dificultad en el logro de mi propósito pero he aquí que me veo obstaculizado y detenido por un misterio que no puedo desentrañar.

En esta lista de malechores se encuentra el grotesco Quilp. Su fealdad física es semejante a su interior, pero será la persuasión sobre aquellas personas de carácter  débil, su mejor arma para conseguir los fines más deplorables. 

Cuando el campo se convierte en ciudad, nuestros peregrinos se ven envueltos en una indigencia no buscada y encontrarán la mayor de las miserias. La pobre Nell, siempre al cuidado de su abuelo, tendrá que llegar a sus límites para conseguir sobrevivir a costa de sus mermadas fuerzas.

¡Por qué habrían ido a aquella ciudad ruidosa cuando había en el campo lugares tranquilos en los que sobrellevar el hambre y la sed con menos sufrimiento! En aquella ciudad no eran más que átomos en medio de un montón de miserias, cuya visión no hacía sino aumentar aún más su desvalimiento y congoja.

El campo versus ciudad, la bondad versus la maldad, la juventud y belleza versus la vejez y fealdad y la vida versus la muerte. Dickens nos muestra estos contrastes a lo largo de todo el libro. Y como lo bueno y lo bello, encarnado en la figura de Nell acaba superando todo lo malo. Así llegarán a un destino apacible donde podrán descansar con la ayuda de aquellas personas que, con buen corazón, les ayudarán a olvidar todas las penalidades pasadas.

Esta niña ha lucha heróicamente contra todas las dudas y todos los peligros, contra la pobreza y el sufrimiento, sostenida solamente por un fuerte afecto y por la conciencia de la rectitud. Sí, el mundo está lleno de estos heroísmos. Yo tengo aún que aprender que las pruebas más duras y mejor sobrellevadas son aquellas que nunca son narradas en ningún libro, pero que se padecen a diario. ¡Cómo no asombrarme ante la historia de esta niña!.


Todos acabamos asombrados por la historia de Nell, su fuerza de voluntad y su amor incondicional hacia su viejo abuelo. Todos nos sentimos identificados con nuestros personajes cuando son víctimas de las injusticias y cuando viven tremendas alegrías. Eso hace Dickens en La tienda de antigüedades, demostrarnos que, una vez más, el alma humana sale vencedora y triunfa por encima de las penalidades a las que nos vemos sometidos.

Una obra densa en contenido pero fácil de leer gracias a un lenguaje cercano y sencillo. Dickens lo vuelve a hacer, y solo nos queda quitarnos el sombrero e inclinar nuestra cabeza ante su poder narrador. 


AUTOR

Charles Dickens nació en Portsmouth en 1812. Tras una dura infancia marcada por la pobreza, lo que a los doce años le llevó a trabajar en una fábrica de betún para zapatos, en 1827 comenzó a ejercer de pasante en un bufete de abogados. Siete años después, el Morning Chronicle lo contrató como periodista político. Estas dos experiencias le servirían para, en 1836, publicar sus dos primeros libros: Esbozos (con el pseudónimo de Boz), una recopilación de artículos, y la novela Los papeles póstumos del club Pickwick. Ese mismo año contrajo matrimonio con Catherine T. Hogarth y se convirtió en editor de la revista literaria Bentley´s Miscellany hasta 1939.

En 1842 publicó Notas de América, sonde defendía la abolición de la esclavitud. Murió en 1870 de un ataque de apoplejía. En su funeral se distribuyó un epitafio impreso que rezaba: "(...) fue un simpatizante del pobre, del miserable y del oprimido; y, con su muerte, el mundo ha perdido a uno de los más grandes escritores ingleses".

Algunas de sus obras son Oliver Twist (1837-1839), Cuentos de Navidad (1843), David Copperfield (1849-1850), Historia de dos ciudades (1859) y Grandes esperanzas (1860-1861).



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